Jardín de Luz // Mario Opazo

“…Supongamos que el cristal se volvió tenue como la gasa, de
manera que podemos pasar a través de él. ¡Si, ahora mismo se
está convirtiendo en una especie de niebla!. Será bastante fácil atravesarlo… Dijo esto ya encaramada en la repisa de la chimenea, aunque casi no sabía cómo había llegado a allí. Y sin duda el cristal esta- ba comenzando a disiparse, como una refulgente niebla plateada.”
—Alicia a través del espejo, Lewis Carroll.

Una película (escano lmada de 90 minutos) usando un escáner do- méstico como dispositivo de captura de imagen y micrófonos de contacto como dispositivo de captura de sonido. Escanear el jardín como acción plástica.

Propongo un ritmo, una poética en la relación del hombre actual con el mundo a través del uso de herramientas digitales y electróni- cas. Una mímesis entre el cuerpo y los medios, un cuerpo que ha ido adoptando herramientas blandas para retener la imagen del mundo.
A través de este proyecto me pregunto sobre el trabajo, la téc- nica y la vida moderna. Preguntas sobre el cuerpo de hoy, prome- sa de ubicuidad, estar aquí y allá al mismo tiempo. Propongo un ejercicio experimental ensamblándole al ojo herramientas como prótesis, para ver y oír lo que la naturaleza oculta a la percepción natural. Usar herramientas mediáticas: micrófonos de contacto y un escáner, como metáfora de la relación entre el hombre y el mundo actual, como metáfora de la interfaz cultural, metáfora del umbral entre lo físico y lo virtual, presencia de la grieta en el Gran Vidrio, para entrar y salir de dimensiones que van de lo sen- sible a lo inteligible.

Escanear es una trans-ducción, una trans-codi cación, es cambiar de lenguaje, de lengua, escanear el cuerpo y el paisaje es proyectar su fuerza. Es un modo de “hablar” con el mundo. Jardín de luz es una en- marcación, una ventana, un punto de vista, propongo una manera de ver y oír desde la máquina.

Reflexión

El “Ser ahí” con los sentidos en el mundo, se convierte hoy en una cascada de experiencias de actualización y virtualización, una sucesión de cambios de estado, una vez el impacto de los medios digitales nos ha abierto rutas de navegación y vehículos de trans- ferencia, nuevos medios, puertas, umbrales y recintos de bordes líquidos. Hoy, las comprobaciones físicas se matizan en niveles de condensación de distinta blandura y transparencia, módulos discretos de información variable, que llegan hasta lo intangible. Vamos errantes por un mundo reescrito en paquetes binarios y programadores, una nueva manera de “ser ahí” en el mundo, un nuevo cuerpo para la memoria, para la remembranza de lo que somos, que cada vez se hace más blando y fugitivo.

Percibo el paisaje contemporáneo como un entramado de víncu- los, impulsos que atraviesan interfaces y abren nuevos horizontes de sentido, en el que la máquina se suma al cuerpo. Los cuerpos se encuentran en la interfaz, se abrazan en un mensaje de texto. Lev Manovich en su libro: El lenguaje de los nuevos medios de comu- nicación, se re ere al efecto cultural de los medios y al estímulo de nuevas formas de relación entre los seres y el mundo, nuevas maneras de interacción cultural en las que cumple un papel fun- damental el acto de fe, “creer en lo que no vemos”.
Las palabras de Pierre Lévy: “lo virtual es un estado de rea- lidad fantasmagórico, una manera de ser real que reclama un cuerpo”, acompañan a Alicia atravesando el espejo y, como ella, vamos errantes del mundo de átomos al de bytes y vice- versa, domesticando interfaces, instrumentos de navegación digital cada vez más cercanos a lo habitual, adoptando la he- rramienta como prótesis blanda, una promesa de poder ser en el medio con el medio.

En su Carta a Raúl sobre el cuerpo, Tony Negri se re- fiere al cuerpo contemporáneo como el cuerpo de a metamorfosis consumada, un cuerpo al que se le han sumado nuevas herramientas que a manera de prótesis aumentan los poderes naturales del cuerpo, herramientas blandas, lingüísticas, mentales, y tecnológicas, herra- mientas que se manifiestan en forma de red y de éxodo, de red porque nos permiten sumar- nos a otros cuerpos, sumatoria de cuerpos como sumatoria de singularidades, como multitud de singularidades en la red y de éxodo porque nos per- miten ablandar límites, cruzar fronteras en el espacio y el tiempo, fugarnos como los átomos en clinámen.

Jardín de luz en la Quinta de Bolívar

El vínculo con el lugar, se da en las relaciones analógicas en- tre la función de la Quinta de Bolívar (como casa de retiro) y la historia de un hombre cualquiera que se auto exilia al jardín para descansar, regocijarse, observar, meditar. Un hombre que ha determinado su patria en el jardín, la demarca, señala su te- rritorio, y se queda allí para siempre. De esta historia, que en realidad es un performance, que el autor realiza en el jardín de su padre, verdadero protagonista del gesto de retiro, surge un material audiovisual en video a partir de imágenes fijas captu- radas con un escáner. El hombre de la historia decide escanear minuciosamente su jardín, el autor realiza una película mo- viendo esas secuencias de imágenes que resultan del proceso de escaneo, a esto le llamo: escanofilmografía.

La figura del héroe en su retiro, es la misma del romántico que da la espalda, Caspar David Friedrich incorpora en sus cuadros personajes como vínculos con el paisaje, como puentes, como medios para acceder al mundo, como interfaces, sus personajes nos dan la espalda pero miran el paisaje y a través de ellos noso- tros ingresamos con un modo sugerido por ellos, un modo de ser en la pintura y a través de ella en el mundo. En esta obra aparecen tramas entre el espíritu romántico y el héroe, el exilio y el retiro, la historia y la acción.

Después de andar, se exilia en el jardín, en su retiro, escanea con minucia las plantas, los animales, las piedras. Produce largas secuencias de movimientos mínimos, también silencios, intervalos.
Con las secuencias como ritmos nuevos,
hilvana un reflejo del paisaje enmarañado, profundo, ¡esos rincones inhóspitos, insensatos!.
Un brillo de la Vida en el cristal,
Paradójica lectura binaria de los átomos,
de un mundo escrito en la luz,
de un paisaje fugándose como la niebla.
(El hombre en su retiro da la espalda al mundo,
y a su vez, lo lleva en la mirada como un brillo que se escurre). Friedrich aparece entre las plantas.