La Piedra de Bolívar // Diego Benavides

Un lugar
Una anécdota
Unos relatos
Un registro
Un montaje
Unos dibujos
El Salto de Tequendama ha sido desde tiempo atrás uno de los lugares más significativos del paisaje de la Sábana de Bogotá, existen innumerables referencias entorno a este lugar. Cronológicamente la primera reseña sería el mito de Bochica seguida por las descripciones de un gran número de viajeros y exploradores europeos y criollos, algunos ejemplos: La de Lucas Fernández de Piedrahita (1666), la de Alexander Von Humboldt (1801), la de Agustin Codazzi (1855) o F. Loraine Petre (1904). Además de haber sido descrito por medio de la palabra, ha sido representado en innumerables pinturas, dibujos y grabados, se resaltan los de Frederich Edwin Church, Ricardo Borrero Álvarez y Edward Walhouse Mark. Y a lo largo del siglo XX su imagen ha producido una inmensa colección fotográfica, tanto de fotógrafos profesionales, como de aficionados. El archivo lo complementan relatos de innumerables paseos, poemas y canciones. Por último hay que mencionar que esta cascada ha sido uno de los lugares predilectos para aquellos suicidas que deciden saltar al vacío como su acción terminal.

En los últimos años he visitado reiteradamente el Salto del Tequendama movido por la conmovedora experiencia sensorial que se produce al estar frente a esta impresionante depresión geográfica que es al mismo tiempo una de las imágenes mas románticas del paisaje de la Sábana y una inmensa cloaca. Estas visitas me han llevado a recopilar expresiones artísticas y culturales de otras personas que a lo largo de la historia también han admirado la catarata.

Tiempo atrás me encontré con una serie de textos que describen a grandes rasgos la misma anécdota, narran una hazaña de Simón Bolívar: En un paseo con un grupo de personas al Salto del Tequendama alguien pregunta al Libertador ¿a dónde iría si en este momento aparecieran los españoles? El Libertador sin pensarlo dos veces dijo – “a aquí” – y dio un salto a una piedra que emerge en medio del río, justo al borde del precipicio.
Esta acción sirvió para ratificar el espíritu arriesgado, valiente y el carácter osado de El Libertador que ya era conocido por sus hazañas. El Salto del Tequendama pone en evidencia la vulnerabilidad del ser humano frente a la naturaleza, y sin embargo Bolívar se acerca a éste, enfrentándose a él y dominándolo o por lo menos superando el temor a la caída. El relato pone a la naturaleza y al héroe en el mismo nivel.

De la anécdota de Bolívar en 1826 he encontrado hasta ahora seis versiones, todas fueron escritas en las últimas décadas del siglo XIX y la primera del siglo XX, cuando aún eran valorados tanto el espíritu independentista como la grandeza de El Libertador y El Salto del Tequendama era todavía el paisaje más sublime que existía en la Sabana de Bogotá. De todos los lugares donde Bolívar pudo haber realizado un acto heroico, el Salto era el más indicado, la historia se convierte en una leyenda equiparable al mito de Bochica.
Es a partir de esta historia que se configura el presente proyecto, el cual ha tomado forma en un video, en la elaboración de algunos dibujos y la recopilación de los diferentes relatos. El video se proyecta sobre una de las paredes de la casa y tanto los relatos, como los dibujos forman parte de un impreso que acompaña la muestra.

La luz de El Gran Salón de la Casa Museo Quinta de Bolívar es tenue, apenas la que surge de un bombillo en la lámpara que cuelga del techo y la que entra por la ventana circular. Sobre la pared del frente se proyecta una imagen en video del Salto del Tequendama, en medio de dos espejos. Se ven algunos árboles, se ven las rocas verticales y agrietadas. El agua se lanza al vacío, infinita, en una caída que según los cálculos que hizo Enrique Uribe White en 1935, es de 135,95 metros. En el fondo del abismo, parece estrellarse lentamente, poco a poco una densa niebla se eleva. En la parte superior derecha alguien se para en la orilla, justo al borde del precipicio, recorre con la mirada el paisaje que muchos antes que el han visto.
Salta al centro del río exactamente a la misma piedra donde, según la leyenda lo hizo El Libertador.